EL FARO DE LAS LETRAS
Título: '1969'.
Autor: Jerónimo Tristante.
Editorial: Maeva.
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| Jerónimo Tristante. (Foto: Juan Carlos Caval.) |
Por Miguel Á. Hernández-Navarro
Última actualización 28/04/2009@14:44:25 GMT+1
No soy el primero que lo dice. Ni el único que lo piensa. Voces mucho más autorizadas que la mía ya han dado cuenta de esto, algunos incluso en estas páginas. En los últimos tres o cuatro años, y es algo que parece acentuarse a un ritmo acelerado, estamos asistiendo en Murcia a la consolidación de una generación de escritores que ha comenzado a trascender las fronteras de lo local y se ha catapultado (después de unos años de anquilosamiento) al panorama nacional (y, en ocasiones, internacional). Parece que las editoriales nacionales han comenzado a advertir el potencial literario de la Región. El premio a Luis Leante, por ejemplo, y su posterior éxito tanto de lo nuevo como de lo publicado con anterioridad, ha puesto de manifiesto que había un gran material de calidad perdido en los almacenes de las librerías que era necesario rescatar y llevar “a la luz”. El caso de Leante es tan sólo uno de tantos. Sin ánimo de ser exhaustivo, a uno se le pasan rápidamente por la cabeza los nombres de Manuel Moyano, Gregorio León, Lola López Mondéjar, Paco López Mengual y otros muchos que, con estilos, historias y desarrollos diferentes, han dado en los últimos años un salto a la industria editorial nacional. Otros, como Javier Moreno o Irene Jiménez, aunque en el exterior, también dan cuenta de esta situación. Los premios, las menciones y la repercusión avalan lo que, sin duda, es una etapa dorada para la literatura de esta región.
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Si me he demorado en esta introducción es porque el caso de Jerónimo Tristante es un ejemplo paradigmático de este renacer de las letras en Murcia. Un escritor cuya obra, en apenas tres años, se ha ganado un puesto importante en el panorama literario nacional e internacional. Es un motivo de orgullo para cualquier murciano, como comentaba un amigo, encontrarse en un lugar perdido de Italia, junto a ‘La sombra del viento’ y ‘La catedral de mar’, una obra de Jerónimo Tristante. Cultivando un género particular, como es el thriller o la novela de misterio y policiaca, con sus normas y sus estructuras (difíciles de cambiar), con su público (potencialmente mucho, si hace bien; y ninguno, si se falla en el intento) y con las dificultades del mercado (una lotería, prácticamente), Tristante ha logrado mantener una trayectoria ascendente y continua tanto en el número creciente de lectores, como en la contundencia e interés de las historias desarrolladas. Y eso ha hecho que una editorial como Maeva haga una apuesta muy fuerte por este escritor y por este libro en particular. La promoción y la difusión de una obra es una parte muy importante (decisiva, se podría decir) de su éxito. Pero aquí parece claro que detrás de esa maquinaria hay un buen libro y un autor que sabe muy bien lo que lleva entre manos. Y que tiene una conciencia exacta de lo que es un thriller. Una novela que entretiene, que ilumina y que cumple su cometido.
Tristante ha sabido quitarse los complejos que solemos tener ante este tipo de literatura. Y es que a veces se encuentra uno con cosas que quieren también participar del “arte y ensayo” y les sale el tiro por la culata. Aquí no ocurre eso. Estamos, como ante otras de Tristante, ante una novela que nos entretiene y que nos atrapa desde la primera página. Una novela muy difícil de soltar hasta que uno la ha acabado.
A veces uno quita mérito al thriller y piensa que estas cosas son fáciles. Y se equivoca completamente. Lo digo desde la experiencia. Como escritor en ciernes, me sale mucho más fácil una cosa experimental, subjetiva, “profunda”, literaria, que una novela de género. El thriller tiene sus normas, sus maneras, su oficio. Y es bien difícil hacerse cargo de ellas. He comenzado cien veces a hacerlo, y nunca me ha salido nada en condiciones (supongo también que por pura incompetencia). Y es que construir una trama como lo ha hecho Tristante requiere de mucho esfuerzo. Es un trabajo milimétrico. Que todo case al final, que todas las tramas se unan en un lugar, que nada haya sido puesto al azar es algo que, por muy natural que le parezca al lector captado por la historia, necesita de una labor de construcción y una pericia que no se consigue fácilmente. Es curioso que en esta generación de escritores de la que he hablado al principio el thriller sea precisamente una de las opciones privilegiadas, como sucede, por ejemplo, en el caso de Gregorio León, Paco López Mengual o Patrick Ericson.
Y es que, como digo, parece que por fin se están perdiendo los miedos y los complejos. Quizá esto haya sido determinante a la hora de escoger el lugar en el que situar la trama de '1969', la ciudad de Murcia y sus alrededores. Una trama de misterio, asesinatos, desapariciones y asuntos sucios que suceden en las calles de Murcia y en la pedanía de La Tercia. ¿Por qué no? ¿Por qué va a tener más glamour la Barcelona de Ruiz Zafón que la Murcia de Tristante? ¿Por qué las historias de misterio tienen que suceder un pueblo perdido de Inglaterra? Con esta atrevida decisión, Tristante no sólo llama la atención sobre el potencial literario de lo cercano, sino que también realiza una reconstrucción bastante lograda de nuestra historia reciente. Y esto es otro motivo para interesarse por esta novela: que se trata de una historia de misterio que conecta a Murcia con la llegada del hombre a la Luna, pero también, y creo que sobre todo, de una revisión de una época reciente que ha configurado nuestro imaginario colectivo. Una época aún poco esclarecida, que aquí se presenta como un complejo mundo de tensiones y conflictos sobre el que se elevaba una realidad inestable.
Lo irreal y lo más real se dan la mano en esta novela en la que se superponen y entrecruzan todas las tramas y donde, poco a poco, va quedando claro que incluso lo más fantástico e imposible no tiene nada que hacer y se topa de bruces con la realidad de un país sumido en unas tensiones ineludibles.
Auguro a esta novela un gran éxito. Lo tiene todo para triunfar. Está bien escrita, bien resuelta, la trama te mantiene en tensión hasta el final. Los personajes están bien dibujados, son complejos, muestran sus contradicciones y evolucionan con la trama. Hablando como un escritor que aspira algún día escribir un thriller, más que como un crítico literario, puedo decir que esta obra se convierte a partir ahora para mí en un ejemplo a seguir para lograr una buena novela de misterio. Una obra que, dentro del género, se podría calificar de ‘clásica’, con todas las implicaciones del término. Y esto sólo lo hace un escritor que ha adquirido ya un oficio envidiable.