EL FARO DE LAS LETRAS
Título: 'Memoria de Georges el amargado'.
Autor: Octave Mirbeau.
Editorial: Impedimenta.
Por Antonio J. Ubero
Última actualización 24/02/2009@07:45:24 GMT+1
Cada mañana y desde hace ya bastante tiempo, suelo tomar café en un lugar en el que la clientela gusta de expresar, impúdica y sonoramente, su estado de ánimo; y así, entre miserías, esperanzas y ocurrencias, ocupo los no más de seis minutos que mi paciencia permite y salgo de allí ansiando un poco más de paz que la última vez al tiempo que hago votos por no caer en el pozo de la misantropía. Harto de esforzarme por entender la naturaleza humana en su hábitat rutinario, relativizo sus ataques y fortalezco la presencia de ánimo, no sea que un mal día acabe con mis huesos en un frenopático y, lo que sería peor, hallase allí la paz. Pero en dosis continuadas, no me extraña que la amargura se adueñe de las almas sensibles, impregne con su hedor el aire y conduzca al incauto hacia las mazmorras de la desesperación. Cierto es que se tiende a relacionar esas realidades con el tiempo que se vive, en una inevitable sincronía marcada por lo cercano y propio. Pero basta con leer un libro como ‘Memoria de Georges el amargado’, para comprobar que las amenazas son universales e intemporales. Con lo que el desasosiego aumenta irremediablemente, ante la certeza de que el ser humano no aprende ni a cañonazos.
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“No existe, estoy convencido de ello, ejemplo de hombre más desprovisto que yo de los medios físicos capaces de dar impulso a todo cuanto se crea y fermenta en él, de dar forma exterior a sus exaltaciones”, lamenta Georges L. en las memorias que su mujer le confía a un intelectual –el propio Octave Mirbeau– para que las lea y, en su caso, las publique, apelando a una más que dudosa amistad.
Del autor se debe fiar el lector cuando asegura que esas páginas son “admirables” en la introducción que hace al relato en sí. Pero basta con empezar a leer para comprobar que así es y que, sin género de duda, esta obra es una de esas joyas de la literatura perdidas en el piélago de los tiempos y los intereses, y afortunadamente recuperada por una editorial tan audaz como el escritor que de su obra habla maravillas.
Georges L. es un hombre ambivalente: su aspecto y personalidad anodinas contrastan con su esfervescente espíritu, creativo, intrépido, sensual e ingenioso; pero su voluntad se ha impermeabilizado a fuerza de rutina tras la reja de una ventanilla en la caja de un banco; en las reuniones de unos viejos amigos que sólo hablan de lo mal que va el comercio; en una familia convencional y protectora tan opresiva como complaciente; y, sobre todo, en su mujer, Rosalie, sobre la que vuelca toda su decepción llegando a odiarla hasta el punto de convertirlo en el auténtico sentido de su existencia: vive para odiar y odia para vivir. Es un volcán a punto de estallar que encuentra en los finos labios y en las formas angulosas de Rosalíe la fuente heladora que sutura las escasas grietas por las que puede escaparse el fuego que le abrasa.
Pero Georges L. es un hombre resignado; su yo terrenal impone su imperio y le obliga a seguir contando el oro ajeno, soportar los desplantes de Rosalie y privarse de la belleza que su sensibilidad le puede conceder. La vida gris de un hombre que encuentra la amistad en alguien al que sólo ve por casualidad de lustro en lustro, que busca por doquier algo que dirija su vida por un derrotero distinto al que todos se empeñan en imponerle. Y por fin, es en ese interior donde encuentra la solución. Una solución que se llama fantasía. El mundo donde, desde ese momento, llevará a cabo sus grandes empresas, mientras su cuerpo se arrastra por el barro de la realidad, hasta que la muerte los separe.
Octave Mirbeau fue periodista y crítico de arte además de escritor y, como Zola, partidario de Dreyfuss, quien se convirtio en bandera de una generación de intelectuales refractarios al puritanismo político que predominaba en Francia a finales del siglo XIX. Mirbeau se ganó la fama de incorrecto y eso, quizás, fue lo que le privó de ser más conocido en el mundo literario, a pesar de que su obra ha sido traducida a más de treinta lenguas. Su espíritu rebelde y soñador se plasma en la extraordinaria imaginación que desarrolla en sus historias, de las que ésta es un buen ejemplo.
La fina ironía con la que retrata las miserias de la sociedad bienpensante y pesimista de la Francia de entresiglos y el humor negro que impregna todo el relato, hacen de ‘Mmeoria de George el amargado’ una novela memorable.